sábado, 14 de agosto de 2021

Precioso documento original que se conserva en el archivo parroquial de Magdalena, Jalisco

Milagro del Santo Cristo de este convento de La Magdalena

Año de 1671

 

En el pueblo de La Magdalena de la Nueva España en 29 días del mes de septiembre de este presente año de 1671 años:  Juan López de Aguilar, teniente nombrado por el capitán Rodrigo Jiménez, alcalde mayor de la Provincia de Etzatlán, de la Santa Hermandad, por Su Magestad. 

 

Por cuanto este dicho mes y año en este pueblo de La Magdalena, sucedió como a las doce del día poco más o menos.  Habiendo tenido noticia el guardián de este convento, fray Juan Bañuelos y el padre fray Francisco Ponce asistentes en este convento que el domingo que se contaban 27 del dicho mes, una Imagen de Cristo Nuestro Señor Crucificado que estaba puesto en la puerta de dicho convento entre el púlpito y la puerta por donde salen las misas.  Puesto en la pared sobre un petate, había sudado.

 

Y yendo los dichos padres este día 29 de septiembre a quitarle de donde estaba y algunos naturales que vinieron a bajarle.  Bajándole al suelo, le vieron unas gotas de sudor todo en redondo de las costillas de la parte del costado y viéndole así, fueron e hicieron que se me llamara. A lo que fui y vide por vista de ojos las GOTAS DE SUDOR DE COLOR DE SANGRE.

 

Y llevándole al altar mayor, sin tocarle, poniéndolo encima del altar a vista mía y de todo el pueblo que ocurrió en esta ocasión a la iglesia, fue multiplicándose el sudor por todo el cuerpo, frente y rostro y por brazos que estaban llenos de polvo y tierra brotaban las gotas que se mojaba el polvo que tenía en los brazos y cuerpo.   Y habiendo limpiado por segunda vez con unos algodones, tornó a sudar que corría dicho SUDOR DE SANGRE por su santísimo cuerpo a vista mía y de todos los del pueblo.

 

Y visto por los dichos padres, el padre fray Francisco Ponce me pidió se hiciera la diligencia que se hizo para ver si había fraude o engaño en esto.  Y así, quitándole la corona y las potencias, volviéndole la cabeza abajo y los pies arriba me dijo:

 -Vuestra merced haga exactas y mire con toda atención y cuidado los agujeros que tiene en la cabeza donde se ponen las potencias si cae por ellos alguna agua o si está húmedo-

Y la misma diligencia se hizo en los agujeros de las manos y de los pies y clavos y registrándose todo el santo cuerpo y costado.


Y certifico y doy fe y verdadero testimonio y todo lo dicho y verdadero según y como al pie de la letra. Y para mayor fuerza, habiendo visto el portentoso milagro que Su Divina Magestad obró presente a todos los de este pueblo así españoles como naturales que se hallaron presentes y vieron sudar.

Y con los testigos de mi asistencia los llamé para que firmasen este, mi testimonio, conmigo que lo fueron:  Martín de Murrieta, Martín de Virguete y Antonio Guevara, Diego de la Águila y Francisco Guevara, Nicolás de Rojas, Bartolomé de Salmerón españoles y vecinos de este dicho pueblo y yo, el dicho teniente lo autorizo como juez receptor por no haber escribano público ni real en esta jurisdicción ni en muchas leguas en contorno ante quien pasen los escritos de este juzgado: doy fe.

 

JUAN LÓPEZ DE AGUILAR                                           BARTOLOMÉ DE SALMERÓN


Detalle del Señor Milagroso de Magdalena,Jalisco.
La Imagen de la que trata el documento anterior
 actualmente se resguarda y venera en el mismo pueblo.


jueves, 22 de mayo de 2014

La laguna de la Magdalena desaparece

Y la laguna de La Magdalena, en 1936, se convirtió en mito.  Lázaro Cárdenas como presidente de la República puso fin a miles de años de trabajo de la naturaleza mandando secar por medios artificiales el lago que había unido a toda la región que hoy comprende los municipios de Ahualulco, Etzatlán, San Marcos, San Juanito de Escobedo y claro, La Magdalena. 

El seno de la laguna, en su mayor parte de cantera cubierta por el limo de los arroyos que le daban vida, fue horadado por grandes canales en los que se vertió toda el agua que contenía.  Solo tres cuerpos de agua se conservaron: el denominado “vaso” actualmente cerca de Magdalena y  se supone era la parte más profunda; la orilla sur hoy en Etzatlán y la laguna Colorada en San Juanito de Antonio Escobedo que era un pequeño lago adyacente que se llenaba con los excedentes del lago mayor.

Los colores opalinos se perdieron para siempre.  El lugar de “muchas fuentes de agua” como fue descrito por los españoles del siglo XVI desapareció en menos de tres años y junto con él, el gremio de los pescadores y las artesanías hechas con “juncias y espadañas” que nosotros conocemos como “tule”.  Los petates no se hicieron más ni los chiquihuites y canastas de las que, al propósito, un padre de la Compañía de Jesús en el siglo XVII decía “hacen un tejido tan ralo que no pasa agua alguna por él” y consideradas  obras de arte junto al enconchado, el arte plumario y la cerámica virreinal.  En las esteras hechas de este material, descansaban los cuerpos fatigados de los nobles, ricos y pobres del Reino Ultramarino de la Grande España.

La “jícara” porque eso era la laguna de Magdalena una enorme cántara que se alimentaba de los arroyos que bajaban de diversos puntos de la geografía de esta amplia zona jalisciense dejó de existir.  Desapareció el pescado blanco y el bagre de esa zona “que mucho ynteresse (ganancia económica) da a los habitantes y se lleva a otras partes del reyno” como apuntaba Alonso de la Mota y Escobar allá por los 1600.  Las enormes ranas montesuma y los pelícanos grises (realmente blancos), los patos canadienses y las garzas blancas dejarían de verse en grandes parvadas. Se abandonaron las maravillosas huertas que daban ciruelas de España, limones, limas, naranjas, cebollas, lechugas, jitomates, pepinos y chiles.  La Joya, llamada así por la Compañía de Jesús quedaba aislada y solo comunicada por tierra. El clima cambió del “temple frío” imperante a un calor descomunal que no permite diferenciar el invierno del verano.

El campesinado salía ganando, la agricultura en poco tiempo pregonó las extraordinarias cosechas de las semillas que caían en el limo virgen dejado por el extinto Lago fenómeno que al poco tiempo se revertiría. La Laguna de La Magdalena había sucumbido después del primer intento de desecación dirigido por el gobierno de Porfirio Díaz que se detuvo ante el magnífico espectáculo que presentaba el que era catalogado como el tercer lago de la República Mexicana.

BIBLIOGRAFÍA DE AYUDA
http://www.revista.unam.mx/vol.6/num8/art80/ago_art80.pdf
Alonso de la Mota y Escobar, Descripción geográfica de los reynos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León, UNED, Guadalajara, México, 1985 et al.



martes, 6 de mayo de 2014

La serpiente en el agua

Vivir a orillas de un lago es un privilegio que pocos pueden tener.  En el siglo XVI, la vista que tuvieron ante sí los españoles y su ejército de indígenas fue impresionante.  No muy lejos del lago de Chapalac se extendía un nuevo lago de aguas tranquilas surcado por grandes canoas hechas de los troncos de árboles secos caídos en las cercanas cerranías.  Las chinanmpas trajinaban de un lado a otro en el seno acuoso y dos de sus tres islas estaban habitadas y tenían adoratorios y casas de “cal y canto” con cerca de mil habitantes. 

El clima era frío, es decir, no era caliente y de sus aguas salía el pescado blanco, los charales y los bagres con que se comerciaba en los pueblos de la cercanía.  Los juncos y los tules eran usados para tejer petates y cestas domésticas y parta trabajos duros.  No era de dudar que Nuño de Guzmán quisiera apropiarse de esa conquista por lo que le redituara en ganancias. 

Magdalena en la actualidad desde una fotografía que recrea la ilusión del lago perdido en 1936.
La fotografía fue tomada de internet.


La laguna de la Magdalena apenas alcanzaba los 4,5 metros de profundidad en su parte más honda en el mejor de los temporales.  Era de agua opalina y por los indígenas era llamada “coaxicari” la “jícara de la serpiente” o la “serpiente en la jícara”.  Según Coria y Cerezo, los escribanos que dieron fe de la conquista entren 1524 y 1527 en la principal de las islas residían los “señores caciques”. 

En la mitología de algunos pueblos prehispánicos la serpiente representa a la divinidad que habita en la tierra de los vivos y que puede acceder al inframundo cuando se esconde en la tierra.  A diferencia de Quetzálcoatl, la “serpiente emplumada” que puede acceder a la tierra, al inframundo y al cielo; la serpiente venerada por los antiguos habitantes de los valles de Jalisco tiene las puertas abiertas al reino del agua y no del aire.

Representación azteca de Quetzálcoatl, la serpiente emplumada.
Museo Nacional de Antropología e Historia, Cd. de México.




La enorme laguna de la Magdalena desecada de forma irracional en aras de un progreso que nunca llegó, era parte de la cosmovisión indígena.  Según las pocas personas que pudieron verla en su esplendor dicen que había algunas especies de culebras que se metían al agua y que de repente daban sustos a las mujeres que lavaban en los arroyos y los cuerpos de agua que rodeaban a la laguna.

La serpiente de agua en México es inofensiva para el hombre.  Pertenece al género Nautrix y existen muchas especies.
Fotografía tomada del blog de Sergio de Carabias http://sergiodecarabias.blogspot.mx/2013/05/excursion-de-ictiologia-extremadura.html



El cacique de esas tierras magdalenenses tomó quizá el nombre de esa entidad que podía estar al mismo tiempo en tres partes del mundo conocido por los pueblos prehispánicos el “Coaxícar” era la representación del ser que equilibraba las tres partes del mundo que le daban vida y sustento a una sociedad que desapareció antes de que su laguna se perdiera.

Serpiente del género Nautrix de agua dulce con la cabeza afuera.  Para el mundo prehispánico de Jalisco pudo representar  un ente divino.

jueves, 19 de septiembre de 2013

La imagen perdida... y vuelta a encontrar

El sismo datado cerca de 1564 que provocó la destrucción del pueblo de Atitlán en la isla de la laguna de La Magdalena no solo permitió que el pueblo del mismo nombre asentado en la orilla norte aumentara de población sino que provocó una rencilla entre los pueblos vecinos.  Tras el movimiento telúrico y la inundación de la Isla, quedaron arruinadas parte de las construcciones entre ellas, el templo que perdió todas sus imágenes incluida un Cristo crucificado de pasta de caña de maíz hecho en el taller de los Cerda en Pátzcuaro, Michoacán.
 
La ligereza del material permitió que unos años después, quizá después de permanecer atorado en el cieno del vaso lacustre o entre la vegetación circundante, flotó y fue encontrada por los pescadores de la zona.  Como en cada pueblo que circundaba la laguna había habitantes del antiguo pueblo de Atitlán cda pueblo reclamaba para sí la imagen que flotó en el lago.
 
Magdalena, Etzatlán, Santa María del Oro de Naccorachi, Ahualulco, Oconahua y hasta Tequila peleaban por el pueblo que se había resguardado en el primero.  El asunto se tuvo que ventilar en la Real Audiencia quien lo derivó al obispado que, para variar, no tenía cabeza. Así, la Sede Vacante del obispado de Guadalajara decidió recoger la imagen so promesa de que, sometería el caso al Obispo en cuanto lo hubiera.  Era cerca del año de 1570.  Así, la imagen fue embalada y llevada a la Catedral de la sede episcopal.  Nunca regresaría.
 
El Señor de las Aguas, resguardado actualmente en la Catedral de Guadalajara, fue venerado en la isla de Atitlán.  La cruz actual no corresponde a la original.
 
 
Para mayo de 1573 tomó posesión del gobierno de la diócesis de Guadalajara Francisco Gómez de Mendiola quien ordenó que el Cristo Crucificado que ya era conocido como el "Señor de las Aguas" fuera resguardado en la catedral vieja que hoy es el templo de Santa María de Gracia.  Posteriormente fue colocado en el convento de Santa Teresa provocando nuevamente conflicto entre ambos conventos. 
 
La región de donde salió el Santo Cristo de las Aguas olvidó rápidamente la posesión.  El pueblo de La Magdalena mandó hacer una imagen réplica del Santo Cristo de Amacueca, que tenía fama de muy milagroso en la época pero lo pidieron con el semblante muerto y no desfalleciente como el original.  Era alrededor del año de 1590 y la fiebre de la plata comenzaba a darle riqueza al pueblo.
 
El Santo Cristo de Amacueca en una fotografía del Ayuntamiento de esa ciudad.  Fue la base para la creación del Santo Cristo de La Magdalena.
 
 
En algún momento de 1598, llegó a La Magdalena, cargado en una remuda, la imagen de un Cristo crucificado hecho en madera, con el semblante muerto y sobre una cruz ochavada, llegó el objeto que le daría razón de ser a La Magdalena: un Cristo crucificado de tamaño natural que fue colocado en el presbiterio sobre un petate para ser usado en las procesiones del viernes santo.
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA
"Los Cristos de caña de maíz y otras venerables imágenes de Nuestro Señor Jesucristo",
Luis Enrique Orozco
 
 
 

miércoles, 17 de julio de 2013

La legendaria inundación

Ocurre, muy de vez en cuando, que las leyendas tienen rastros de verdad.  Mi abuela  me contaba que "las gentes" decían que en Magdalena hubo una inundación que acabó con el pueblo que estaba en una isla en la laguna.  Dos comadres necesitaban agua y como llegaran las dos al mismo tiempo al único grifo que había en el pueblo, disputaron hasta que sonó la última de misa.  Entonces se alzó la laguna cubriendo el pueblo por completo ahogando a unos y sacando de la isla a otros llevándolos hasta la orilla.  El templo quedó destruido al igual que el pueblo y las imágenes todas se perdieron.  La gente se fue entonces a la orilla de la laguna, cerca del cerro y allí hizo un pueblo nuevo que ahora es Magdalena.

Esta sencilla narración resume casi todo el nubloso siglo XVI de La Magdalena.  A unos días de celebrar el 22 de julio como fecha de "fundación", resulta interesante retomar esta leyenda que se compone de cuatro partes:
-El pueblo en la Isla
-La inundación
-La pérdida de las imágenes del templo
-La repoblación de Magdalena en una orilla de la laguna

Las cuatro partes de la leyenda son verdad.  El tiempo ha adornado los hechos que le dieron vida al pueblo y lo han transformado en una leyenda con moraleja: los compromisos amistosos y sobre todo sellados por la religión deben ser respetados hasta la muerte. Por ello el pleito de las comadres por una llave de agua.  Magdalena era un pueblo conocido desde el siglo XVI como un "lugar lleno de fuentes" según las relaciones del siglo XVI.  Que unas comadres se pelearan por una llave de agua en una isla en medio de una laguna de agua dulce es un pleito sin razón.  El compadrazgo es un vínculo sagrado para la Iglesia y para la sociedad del siglo XVI.  Aún hoy los ritos del compadrazgo son un fuerte vínculo para la sociedad de Magdalena y de la región de los Valles de Jalisco.  A los compadres hay que elegirlos e ir a buscarlos; solicitarles el compadrazgo; presentarles al hijo que se va a apadrinar; asistir al bautismo y darse el abrazo de compadres.  El vínculo se rompe solo hasta la muerte a donde deben asistir los compadres a darle el "último abrazo" al agonizante y sino lo alcanzaran deberán dar un beso al cadáver. 

"A falta de padres padrinos" reza el refrán impuesto por la Iglesia virreinal y que persiste en la memoria de los valles de Jalisco.  El padrino nunca podrá desposar a la ahijada ni la madrina al ahijado, la cópula entre los dos se considera, para el catolicismo,  incesto.  El pleito de unas comadres en una isla rodeada de agua y con tantas fuentes por una llave es un pleito inútil.  La riña de las comadres, más que por el uso de la llave de agua es por la jerarquía, por los privilegios entre compadres y la moraleja, con la destrucción del pueblo en la isla, es que el vínculo realizado ante la Iglesia solo puede ser disuelto por la muerte.

En el mapa de 1550 hemos agregado las flechas que indican la ubicación de las dos islas sin el islote.  Agregamos las cruces para ubicar el los templos aledaños de Etzatlán y San Juanito de Escobedo.  Los estudios más rcientes señalan que, por la ubicación, no es San Juanito sino Magdalena que aparece sin nombre.  En el mapa hecho a mano alzada y quizá por manos indígenas, existe un desfase en los puntos cardinales.


En 1564, según los cronistas de la época,  "un temblor de tierra asoló al reyno" destruyendo casi todos los pueblos de la Nueva Galicia (hoy Jalisco).  Alonso de la Mota y otros cronistas cuentan que en la Laguna de Magdalena se abrieron grandes grietas que hicieron que la laguna bajara de nivel y muchos peces se perdieran en ellas tanto, que luego fue necesario llevarlos en cántaros desde Chapala.  Pero hay un detalle más que nos permite entender la inundación y destrucción del pueblo: "luego se volvió el agua alta que llegó a la yglessia de Issatlán y al pueblo de Agualolco" El pueblo en la isla se llamaba Atitlán y era el asiento original del gobierno de la región que gobernaba el Goaxícar donde había adoratorios y casa de piedra.  En la segunda mitad del siglo XVI se levantó una capilla que fue arrasada por el movimiento de agua resultante del terremoto de 1564.  La mayoría de los supervivientes de Atitlán se asentaron en el recién repoblado pueblo de La Magdalena. Pueblo surgido hacía pocos años del convulso movimiento de la Guerra del Mixtón.  Ese pueblo les ofrecía tener la libertad de estar bajo el gobierno del Rey y no bajo la batuta de los encomenderos de Etzatlán.  Y por allí dicen "las gentes" que los viernes santos a medianoche, a veces, es posible, aguzando el oído, escuchar las campanas de aquella vieja Magdalena que un día se hundió en las aguas de la laguna.

 
En la imagen, tomada de Google maps, podemos observar el extenso territorio que cubría la laguna de La Magdalena.
Las flechas nos indican las islas que hoy son cerros y se puede apreciar las distancias.  Al comparar esta imagen con el mapa de 1550 que antes hemos publicado, las cruces corresponden a los templos que se habían erigido hacía la época.  El de la Isla de Atitlán, también llamada Merodió, fue destruido por la inundación que siguió a uno de los sismos de 1564.
 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
De la Mota y Escobar, Alonso, "Descripción de los reynos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya  y Nuevo León"


 

jueves, 11 de julio de 2013

La escurridiza fundación de Magdalena


Para que exista una parroquia debe existir primero una comunidad.  La Parroquia, en el siglo XVI representaba un paso escalonario en la vida de un pueblo.  El pueblo no era la denominación humillante que hoy pretendemos hacer de un lugar alejado de las capitales sino un punto desde donde la riqueza se extraía para mantener una maquinaria enorme que se conocía como España. Si fray Diego Muñoz menciona a La Magdalena como parroquia en 1568 quiere decir que la población existía de tiempo atrás pero ¿Cuánto tiempo?  Hasta hace poco hemos creído que Magdalena anteriormente se llamó Xochiltepec o Xuchitepec.  Pero en el mapa de la Nueva Galicia en 1550 no aparece un pueblo con ese nombre ni con el de "La Magdalena".  Sin embargo, aparece la laguna con sus dos islas.
 
En el mapa de guerra de 1550 así se visualizaba la región de Magdalena con la laguna y dos de sus islas (eran tres).  El mapa da lugar a múltiples lecturas históricas, iconográficas e icnológicas.
 

 Con mucha seguridad, el pueblo de Xochiltepec no se encontraba donde hoy es el centro porque sabemos que en 1541 se ordenó una “repoblación” o “reducción” con “indios amigos” para el pueblo de La Magdalena con la entrada del virrey Antonio de Mendoza.  Las “repoblaciones” implicaban traer indígenas que eran files a la Corona Española de la región y desde el centro del país.  Los más famosos de ellos eran los tlaxcaltecas que prestaron servicio en el grueso del ejército que conquistó Tenochtitlán en 1521 bajo el mando de Hernán Cortés.  Pero también había aztecas, purépechas y algunos indígenas vecinos de la comarca.
 

Los “reducidos” o “repoblados” contaban con ciertos privilegios que por lo general eran pertenecer directamente al régimen del rey y no estar supeditados a los encomenderos a cambio de vivir de forma cristiana, civilizada y pagar el tributo al Rey.  Debía haber europeos que les mostrarán la “forma de vivir cristianamente” y podían elegir sus autoridades.  Los pueblos repoblados debían ser trazados en formar de cuadrícula con calles anchas y espaciosas que permitieran el paso del aire, las aguas naturales y sobre todo que permitieran el comercio.  Al centro debían estar el templo, la plaza principal, un hospital, la escuela o colegio y las casas reales o del gobierno.  Luego los demás solares serían para los europeos y los “señores indígenas”; luego vendrían las casas para los indígenas según su importancia y rango. Un cuadrado de derecho para el crecimiento del pueblo y luego los “ejidos” bajo administración civil y que eran las tierras pertenecientes al pueblo que se podían rentar a particulares para algunas actividades comerciales.
 
 

Lo anterior fue decretado por el emperador Carlos I y reformado por Felipe II.  La traza de Magdalena corresponde a las ordenanzas del primero y es muy parecida a la de Etzatlán.  Sabemos por Suarez y el problemático Tello que en 1541 acompañaron al virrey Antonio de Mendoza don Luis y Martín de la Torre, descendientes de don Diego Perez de la Torre gobernador de la Nueva Galicia.  A uno de ellos se le encomendó la traza y repartición de los solares que compusieron el pueblo de La Magdalena, en sus alegatos para conseguir privilegios ante el rey lo mencionan.
 
 

El hecho de que Magdalena se haya trazado y repartido entre 1541 y 1543 no implica que se haya poblado y haya tenido la vida de un pueblo ajetreado de la noche a la mañana.  El mapa de 1550 nos da solo un vistazo del territorio que protagonizó la guerra de 1541.  En las brumas del tiempo se ha perdido esa fecha que otros lugares guardan celosamente de la fundación.  Magdalena comenzó a vivir en la zozobra de una guerra en algún momento entre 1543 y 1550.

viernes, 5 de julio de 2013

Magdalena, más antiguo de lo que esperaba...

Increíblemente la parroquia de Magdalena en la actual diocésis de Guadalajara es más antigua que la fecha ideal de 1596.  La parroquia de Magdalena nació en medio del conflicto de poderes entre dos obispos de la primera mitad del siglo XVI.  En 1536, el papa Paulo III erigió la diocésis de Michoacán con sede en la ciudad del mismo nombre y que  hoy conocemos como Tzintzuntzán.  Unos años después, en 1548, se erige la diocésis de Compostela y que luego se llamaría de “Guadalajara de Indias”.  Compostela, hoy en Nayarit, fue una ciudad que no prosperó y tanto los obispos Pedro Gómez de Maraver y Pedro de Ayala no residieron en ella prefiriendo a la cercana ciudad de Guadalajara hasta que el Papa accedió a cambiar su sede.

La parroquia de Compostela en una fotografía de época.  Sede de la primera diocésis de la Nueva Galicia existe aún hoy un debate acerca de si esta ciudad fue la Compostela histórica o la actual capital de Tepic, Nayarit.

De ahí surgió el conflicto entre los dos mencionados obispos de Guadalajara y el obispo Vasco de Quiroga de Michoacán.  La territorialidad de los dos obispados no estaba limitada y tanto Vasco de Quiroga como sus homónimos de Guadalajara pelearon casi palmo a palmo cada una de las parroquias de sus obispados.  El obispado no solo representaba una forma de gobierno espiritual sino que llevaba consigo mucho poder civil y grandes ganancias económicas.  Los obispos tenían la obligación de hacer visitas pastorales a cada una de sus parroquias ya fuera en persona o delegándolo en otra. 


El obispo Vasco de Quiroga, primer obispo de la diocésis de Michoacán , enfrascado en una lucha de poder y territorialidad con la diocésis de Guadalajara.




Los obispos de Guadalajara y Michoacán se enfrascaron en esta lucha y con ello, nos dejan una descripción donde aparece el pueblo de la Magdalena con su ubicación, su nombre actual y como parroquia.  Entre 1564 y 1568 fray Diego Muñoz da a la luz una visita pastoral que hizo a cada una de las parroquias que estaban en conflicto entre Michoacán y Guadalajara, entre ellas la de La Magdalena a la que le da ese nombre y la ubica “arrimada a una grande laguna que le da nombre”. 

“…Entre siete y ocho leguas de Guadalaxara…” ubica Diego Muñoz a Magdalena en 1568, años antes de la fecha ideal de la erección parroquial de 1596 fundada sobre otro documento que menciona al pueblo como parroquia en esas fechas.  Algunos podrán decir que por esas fechas no había siquiera edificio pero para que una institución humana exista no necesita de una edificación física.

La parroquia de Magdalena o Santa María Magdalena de Xuchitepec inició su vida religiosa en la diocésis de Michoacán y no en la de Guadalalajara a lo que hoy pertenece.  Aunque no podemos definir una fecha exacta, hay un horizonte que nos permite ver la antigüedad de la comunidad parroquial.  En algún momento entre 1550 y 1568, el pueblo de la Magdalena recién poblado, se convirtió en parroquia.


La obra de Diego Muñoz se publicó en Jalisco en 1965.  Quizá con suerte, algún historiador obstinado pueda encontrar ese documento, esa Cédula Real firmada por el Carlos I o Felipe II donde un pueblo recién repoblado, cerca de las costas del Mar del Sur, iniciaba la aventura del nuevo Mundo que lo llevaría a vivir entre la opulencia y la miseria, la belleza y el caos, encaminado a olvidarse de sí mismo en el transcurso de su historia.