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miércoles, 18 de agosto de 2021

Cuando la Limpia Concepción de Nuestra Señora se enojó

 

En 1931 se cumplían 400 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.  México se preparaba para celebrar a la Emperatriz de las Américas.  Magdalena Jalisco no tenía santuario ni templo dedicado a la patrona de los mexicanos pero sí a la Limpia Concepción de Nuestra Señora.  Apenas una calle separa aún hoy la Capilla de la Purísima Concepción del Santuario del Señor Milagroso. 

 

El padre Manuel Carrillo, cura de Magdalena dispuso que se trasladara la Limpia Concepción de Nuestra Señora al lado del Señor Milagroso y que la antigua imagen de la Virgen de Guadalupe se pusiera en su lugar en la Capilla de la Purísima.  Ese año la fiesta de la Purísima  se alargó del 1 al 12 de diciembre conmemorando 400 años de las apariciones en el Tepeyac.



Llegó enero de 1932 y la imagen de la Purísima no volvía a su Capilla y en su lugar estaba la Virgen de Guadalupe.  Paso febrero, la Cuaresma y Semana Santa hasta que, un sábado de Pascua, mientras los fieles esperaban la misa del alba, salió de la sacristía el señor cura Manuel Carrillo acompañado de cirios y cruz alta.  Sin mediar palabra, tomó la pequeña imagen de la Limpia Concepción y enfiló por el pasillo al atrio y luego a la capilla de la Purísima.


La Limpia Concepción de Nuestra Señora, otro de los tesoros patrimoniales de Magdalena,Jalisco y protagonista de nuestra narración.


 

Imaginemos la impresión y curiosidad de los fieles ante una procesión tan singular y nada anunciada.  Ya en la capilla de la Purísima, los sacristanes descolgaban la pintura de la Virgen de Guadalupe y el señor Cura Manuel Carrillo, de su propia mano, colocaba en su peaña a la Purísima Concepción.  Rezaron una salve casi improvisada y la sorpresiva procesión regresó al templo del Señor Milagroso esta vez cargando la pintura de la Virgen de Guadalupe que fue colocada en su retablo.


La Virgen de Guadalupe, la otra protagonista de esta narración en su imagen recién restaurada.



Nuestros informantes contaban que, luego de la misa, el padre Manuel Carrillo narró a un grupo de fieles que lo habían acompañado, que la noche anterior no había podido dormir.  En la duermevela, la Purísima Concepción le reclamaba no estar en su capilla y el padre Manuel Carrillo intentaba darle razones haciendo señas a la imagen de la Virgen de Guadalupe. Pero al acercarse a la Virgen de Guadalupe la veía ennegrecida y sin rostro como si le diera la espalda y si se acercaba a la Purísima no la podía ver a la cara porque los rizos que caían de la corona le cubrían el rostro.  Tanto era el enojo de la Virgen, decía el padre Manuel Carrillo, que hasta rojos alcanzaba a ver en parte las mejillas de la pequeña Imagen y era mucho el susto que le causaba ver ennegrecida a la Virgen de Guadalupe.


La capilla de la Purísima y el templo del Señor Milagroso vistos desde la plaza 1940 c.

 Así, un sábado de pascua de 1932, de una fecha que ya olvidamos, los monaguillos que cargaron los ciriales de la improvisada procesión: don Joaquín Ponce y Antonio Martínez que en la gloria de Su Divina Magestad estén, fueron testigos de la mañana en que la Virgen se enojó con el Señor Cura de Magdalena, cantaron dos Salves y vieron dos entronizaciones de la misma Virgen en distintas advocaciones.

sábado, 14 de agosto de 2021

Precioso documento original que se conserva en el archivo parroquial de Magdalena, Jalisco

Milagro del Santo Cristo de este convento de La Magdalena

Año de 1671

 

En el pueblo de La Magdalena de la Nueva España en 29 días del mes de septiembre de este presente año de 1671 años:  Juan López de Aguilar, teniente nombrado por el capitán Rodrigo Jiménez, alcalde mayor de la Provincia de Etzatlán, de la Santa Hermandad, por Su Magestad. 

 

Por cuanto este dicho mes y año en este pueblo de La Magdalena, sucedió como a las doce del día poco más o menos.  Habiendo tenido noticia el guardián de este convento, fray Juan Bañuelos y el padre fray Francisco Ponce asistentes en este convento que el domingo que se contaban 27 del dicho mes, una Imagen de Cristo Nuestro Señor Crucificado que estaba puesto en la puerta de dicho convento entre el púlpito y la puerta por donde salen las misas.  Puesto en la pared sobre un petate, había sudado.

 

Y yendo los dichos padres este día 29 de septiembre a quitarle de donde estaba y algunos naturales que vinieron a bajarle.  Bajándole al suelo, le vieron unas gotas de sudor todo en redondo de las costillas de la parte del costado y viéndole así, fueron e hicieron que se me llamara. A lo que fui y vide por vista de ojos las GOTAS DE SUDOR DE COLOR DE SANGRE.

 

Y llevándole al altar mayor, sin tocarle, poniéndolo encima del altar a vista mía y de todo el pueblo que ocurrió en esta ocasión a la iglesia, fue multiplicándose el sudor por todo el cuerpo, frente y rostro y por brazos que estaban llenos de polvo y tierra brotaban las gotas que se mojaba el polvo que tenía en los brazos y cuerpo.   Y habiendo limpiado por segunda vez con unos algodones, tornó a sudar que corría dicho SUDOR DE SANGRE por su santísimo cuerpo a vista mía y de todos los del pueblo.

 

Y visto por los dichos padres, el padre fray Francisco Ponce me pidió se hiciera la diligencia que se hizo para ver si había fraude o engaño en esto.  Y así, quitándole la corona y las potencias, volviéndole la cabeza abajo y los pies arriba me dijo:

 -Vuestra merced haga exactas y mire con toda atención y cuidado los agujeros que tiene en la cabeza donde se ponen las potencias si cae por ellos alguna agua o si está húmedo-

Y la misma diligencia se hizo en los agujeros de las manos y de los pies y clavos y registrándose todo el santo cuerpo y costado.


Y certifico y doy fe y verdadero testimonio y todo lo dicho y verdadero según y como al pie de la letra. Y para mayor fuerza, habiendo visto el portentoso milagro que Su Divina Magestad obró presente a todos los de este pueblo así españoles como naturales que se hallaron presentes y vieron sudar.

Y con los testigos de mi asistencia los llamé para que firmasen este, mi testimonio, conmigo que lo fueron:  Martín de Murrieta, Martín de Virguete y Antonio Guevara, Diego de la Águila y Francisco Guevara, Nicolás de Rojas, Bartolomé de Salmerón españoles y vecinos de este dicho pueblo y yo, el dicho teniente lo autorizo como juez receptor por no haber escribano público ni real en esta jurisdicción ni en muchas leguas en contorno ante quien pasen los escritos de este juzgado: doy fe.

 

JUAN LÓPEZ DE AGUILAR                                           BARTOLOMÉ DE SALMERÓN


Detalle del Señor Milagroso de Magdalena,Jalisco.
La Imagen de la que trata el documento anterior
 actualmente se resguarda y venera en el mismo pueblo.